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Comentario para practicar (Semana del 26 al 30 de abril)

Siempre me ha parecido fascinante la capacidad del ser humano para evitar asumir su propia responsabilidad en prácticamente nada de lo que a él es imputable. Tomen la escuela como ejemplo menor pero significativo: ¿no les satura ya escuchar a muchos padres y madres repetir esa cantinela de que no entienden cómo es posible que su retoño les haya salido respondón, vago o rebelde, al tiempo que delegan en la escuela labores educativas que exceden su competencia? O qué decir de los alumnos, quejándose continuamente de las injusticias del sistema, de la inutilidad de los exámenes o de la incompetencia de sus docentes, mientras miran su móvil sin hacerle el menor caso al profesor que, al otro lado de la pantalla o en la misma clase, se imagina que hay alguien escuchando. Y seguramente, ese mismo profesor pensará que todo es culpa de unos padres que no hacen lo que deberían y de unos alumnos que vienen a clase sin civilizar. Y así, nadie asume nada, y todos perdemos.

Tomen la política, como ejemplo supremo, a esos miles de ciudadanos que se quejan de que sus políticos son unos impresentables y que esos mismos políticos digan, a la par, que el problema es que los ciudadanos no cumplimos una sola obligación, mientras unos se corrompen hasta la saciedad y los otros hacemos lo que nos viene en gana en la calle, en los bares, en la carretera o en cualquier ámbito imaginable. Y así, nadie asume nada, y todos perdemos. Básicamente, la idea de fondo que subyace a este comportamiento, sumamente infantil, inmaduro y peligroso a nivel social, vendría a decir algo así como que el problema siempre son los demás, siempre es lo de fuera, pero no soy yo. Nada se me puede decir a mí porque bastante hago, porque lo doy todo pero vivo en un mundo cruel que no me valora, entiende ni premia como merecería. 

La deriva a la que nos somete de manera irremediable esta dinámica es el aislamiento de los individuos, la desconfianza en sistemas como el educativo o las instituciones políticas, que tan necesarios son para el correcto funcionamiento de cualquier país avanzado. Pero para que dicho funcionamiento sea posible harían falta padres que asumieran que a lo mejor no todo lo que hacen por sus hijos es infalible; que sus propios hijos abandonaran el victimismo y comprendieran que la perfección, la justicia y la armonía universal son difícilmente posibles en la vida real, que los profesores enfocasen el asunto más en su propia formación y didáctica que en la alineación de los planetas, que los ciudadanos entendieran que cada una de sus acciones determina el devenir de su nación, y que los políticos pensaran de una maldita vez en algo que no fuera su siguiente campaña electoral. Así, asumiríamos todos, y quizá ganásemos algo más como sociedad.

Miguel Albadalejo, "Lo de fuera", El periódico, 23/09/2016



CUESTIONES


A.1 (2 puntos) Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas siguientes: a) enuncie el tema del texto (0,5 puntos); b) detalle sus características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes (1,25 puntos); c) indique qué tipo de texto es (0,25 puntos)


A.2 (1 punto) Redacte un resumen del contenido del texto.


A.3 (1,5 puntos) Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de la postura del autor del texto.


A.4 (1,5 puntos) Analice sintácticamente: Nada se me puede decir a mí porque bastante hago, porque lo doy todo pero vivo en un mundo cruel que no me valora.


A.5. (1 punto) Explique el concepto de ironía aplicado a ejemplos concretos del texto.

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