Textos de Rosalía de Castro (1837-1885) XXXVIII Una sombra tristísima, indefinible y vaga como lo incierto, siempre ante mis ojos ca tras de otra vaga sombra que sin cesar la huye, corriendo sin cesar. Ignoro su destino… mas no sé por qué tema al ver su ansia mortal, que ni han de parar nunca, ni encontrarse jamás. LIV A la sombra te sientas de las desnudas rocas, y en el rincón te ocultas donde zumba el insecto, y allí donde las aguas estancadas dormitan y no hay hermanos seres que interrumpan tus sueños, ¡quién supiera en qué piensas, amor de mis amores, cuando con leve paso y contenido aliento, temblando a que percibas mi agitación extrema, allí donde te escondes, ansiosa te sorprendo! - ¡Curiosidad maldita!, frío aguijón que hieres las femeninas almas, los varoniles pechos: tu fuerza impele al hombre a que busque la hondura del desencanto amargo y a que remueva el cieno donde se forman siempre los miasmas infectos. ...